Ceguera general

Al entrar en la estación de metro de Passeig de Gràcia el pasado lunes se me acercó un chico que parecía recién salido de una película de Kevin Smith: el pelo largo y lacio, una sudadera que chorreaba por todas partes y la piel reseca. El desaliño y la cara de siesta le estaban complicando el día y a aquellas horas de la tarde aún no había hecho demasiadas encuestas, así que no supe resistirme. Eran sobre TMB (Transports Metropolitans de Barcelona) y más concretamente de la línea 3 (verde). Muchas preguntas sobre los olores del metro, la temperatura ambiental de los vagones y la seguridad en las instalaciones. (Y ahora que lo pienso me da rabia no haber aprovechado la ocasión para decirle que me pone tremendamente nerviosa que me repitan una y otra vez que “per la meva seguretat hi ha càmeres de vigilancia” por todas partes). El caso es que mi metro no tardó en llegar y tenía que cogerlo, por lo que Kevin decidió acompañarme durante el trayecto. No había demasiada gente y éramos los únicos pasajeros que estaban de pie en la plataforma. Al llegar a la primera parada una señora se bajó y su asiento quedó libre. El muchacho, que vio que mis pintas y mi cara de siesta no eran mucho mejores que las suyas, me dijo que podía sentarme si quería. Y lo hice. Desde las alturas, me hizo una nueva pregunta: – ¿Qué mejorarías del metro? Antes de que yo pudiera contestar se me adelantó la chica que estaba sentada a mi lado, embutida entre mis veinte abrigos y los del señor de su izquierda: – ¿Puedo decir qué mejoraría yo del metro? Y antes de que Kevin le diera permiso volvió a expresarse: – Yo pediría que hicieran más graffitis en los túneles y que fueran más bonitos que los que hay ahora. Su voz sonó fuerte y todos los pasajeros la miramos. Ella no pudo hacer otro tanto. Llevaba una vara larga y los ojos perdidos en direcciones que rara vez coincidían. Kevin se quedó helado y no supo responder. El señor de la izquierda se agitó en su butaca y los viajeros de enfrente miraron hacia nuestra hilera. El silencio era total.
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Naomi Klein analiza las elecciones iraquíes

El crucero a la deriva se suma a la lista de catástrofes de los “telediarios de sucesos”. Ya se han emitido los primeros videos de aficionados. Entre tanto “caso” resulta casi imposible encontrar referencias a Irak. Hace dos días que se hicieron públicos los resultados de las elecciones y no existen valoraciones al respecto. Decenas de miles de muertos* para llevar la democracia a Irak (eso dicen ahora quienes antes aseguraban buscar armas de destrucción masiva) y nadie en el planeta parece tener tiempo para celebrar la “gran fiesta de la democracia” (¿dirán eso nuestros políticos el próximo lunes después del referéndum? Apuesto a que por una vez nos libraremos de la dichosa frasecita). En cualquier caso, un día después de las elecciones iraquíes muchos fueron los que se apresuraron a alabar su éxito. Destacaron, sobre todos, los políticos que se habían opuesto a la invasión de Irak. Recuerdo a Trinidad Jiménez en una tertulia matutina hablar de “mirar hacia adelante”. Hay prisa por reconciliarse con EE.UU. Pero no nos engañemos, lo que en realidad se está haciendo es seguir “mirando hacia otro lado”. En el caso de Irak es un clásico que se remonta hasta el genocidio del embargo y más allá, también las masacres de kurdos fueron ignoradas en su momento. Por suerte, “The Nation” se mantiene ahí y Naomi Klein, tan en forma como siempre, acaba de publicar en este semanario un excelente artículo sobre el resultado de las elecciones. En esta pieza, traducida por el diario La Jornada y reproducida en la web de “Tortuga”, el grupo antimilitarista de Elx-Alacant, se dicen cosas como la siguiente:

“Los iraquíes le dieron a Estados Unidos el más grande ‘gracias’ y de la mejor manera que podríamos haber esperado”. Al leer este análisis electoral de Betsy Hart, una columnista de Scripps Howard News Service, me acordé de mi fallecida abuela. Medio ciega y una amenaza al volante de su chevrolet, firmemente se rehusó a entregar las llaves de su coche. Estaba convencida de que, fuera a donde fuera (de paso aplastando a las mascotas de Filadelfia), la gente la saludaba y le sonreía. “¡Son tan amigables!” Tuvimos que darle las malas noticias. “No te saludan con toda la mano, abuela, no más con el dedo medio”. Así pasa con Betsy Hart y otros miopes observadores electorales: creen que los iraquíes al fin les enviaron las tan esperadas flores y dulces, cuando en realidad los electores les mentaron la madre (les enseñaron el manchado dedo medio). Llegaron los resultados electorales: los iraquíes votaron abrumadoramente por derrocar al gobierno de Iyad Allawi, instalado por Estados Unidos, que rehusaba pedirle a este país que se fuera. Una decisiva mayoría votó por la Alianza Unida Iraquí (AUI); la plataforma de la AUI demandaba “un calendario que programe los tiempos de retiro de las fuerzas multinacionales de Irak”.
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Las palabras exactas de Bush

Un amigo me manda el texto exacto de Bush, sacado de la web de la Casa Blanca

“Tomorrow, I will take an oath and deliver an inaugural address. … I will speak about freedom. This is the cause that unites our country and gives hope to the world and will lead us to a future of peace. We have a calling from beyond the stars to stand for freedom, and America will always be faithful to that cause.”

También me adjunta una nota de prensa de Reuters en el que se explica quién ha pagado las cuentas de la fiesta de Bush:
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Bon dia/bon dia

Un colega periodista me envía el siguiente mail: “Te recomiendo que le eches un vistazo a una web que localicé el otro día mientras escribía una crónica sobre los dineros de la campaña. Se llama Open Secrets y en ella sale la lista de los famosos 527 principales donantes de la campaña, el primero el (adjetivo censurado) de George Soros. También hay una lista muy curiosa sobre lo que aportó a la campaña de Bush en 2000 cada uno de los embajadores que lo son ahora de Estados Unidos en el mundo, incluido nuestro Argyros”. Adéu = adiós en catalán Adéu = adiós en valenciano o mejor Fins després = hasta luego en catalán Fins després = hasta luego en valenciano Pd.: A buen entendedor, pocas palabras bastan (por eso he censurado el adjetivo de mi colega, ¡viva la imaginación!), pero en cuanto acabe un artículo pendiente me extiendo sobre la polémica catalanovalenciana.

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